La dura experiencia que ha tenido que enfrentar nuestro país por la pandemia, con secuelas como la calamidad sanitaria y social, nos obliga a renovar la fe y la confianza en nuestra capacidad para superar las crisis. Al fin y al cabo, como dice uno de los más prestigiosos analistas de la actualidad, el economista francés Thomas Piketti, “la historia siempre inventa sus propios caminos”. Colombia tiene ante sí un largo camino por recorrer y se trata de empezar a hacerlo pronto para perseverar en la consecución de nuestros propósitos.

Con optimismo, en la presente edición de la revista Economía Colombiana, de la Contraloría General de la Republica, publicamos una serie de artículos que muestran diferentes puntos de vista alrededor de los planes de reactivación económica que el Gobierno ha puesto en marcha, con el propósito de superar el colapso que se produjo por el cierre de la economía, el confinamiento obligatorio de los colombianos y el cambio de prioridades en las actividades del país.

Para enfrentar las desastrosas consecuencias de la pandemia, el Gobierno nacional adoptó un ambicioso esquema de reactivación que busca mostrarle al país nuevos caminos con objetivos alcanzables, impulsando la economía con inversiones por más de 135 billones de pesos, con la esperanza de crear más de dos millones de empleos, en los próximos seis años.

Se trata de un “Nuevo compromiso con el futuro” que reúne estrategias para ayudar a la población escolar y a los jóvenes universitarios, a la pequeña y mediana industria, impulsar los programas de desarrollo tecnológico, apoyar los proyectos del sector rural, elevar la productividad nacional, fomentar la construcción de vivienda popular y estimular a los sectores del comercio y el turismo, entre otras muchas actividades, que generan empleo remunerado y contribuyen a la formalización laboral.

La reactivación económica pretende, fundamentalmente, generar bienestar. Por esto se requieren medidas ambiciosas como las que ahora propone y pondrá en marcha el gobierno del presidente Iván Duque. Pero, si aspiramos a que se cumplan las nuevas metas de recuperación, se requiere de una gran solidaridad nacional, austeridad en el gasto y mucho control ciudadano para que la inversión cumpla el sano propósito para el que fue diseñado.

Simultáneamente, todos confiamos en que siga avanzando con éxito el plan nacional de vacunación contra el Covid-19, para consolidar la inmunización general y realizar el ambicioso programa de reactivación económica. Por supuesto, tenemos que insistir en mantener la disciplina colectiva del autocuidado y el distanciamiento social, hasta cuando se supere plenamente el peligro de la pandemia que aún nos acecha.

En este orden de ideas, bien vale la pena registrar en esta edición de nuestra publicación institucional las conclusiones más importantes de un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el que destaca el hecho de que Colombia ha desplegado una batería de medidas para combatir los efectos de la pandemia, pero al mismo tiempo recomienda mantener las medidas de apoyo a los sectores más vulnerables de la población, mientras se producen los efectos del plan de recuperación económica.

La crisis ha puesto en riesgo a miles de mujeres y jóvenes que hoy buscan desesperadamente un empleo. Hay que tener en cuenta que las perspectivas de muchos compatriotas se han debilitado por lo que necesitamos buscar la manera de fortalecerlos. Por fortuna, y mientras se logran los efectos positivos de la reactivación planteada, los programas de asistencia social se mantendrán y los programas que fueron creados con los decretos de la emergencia económica también continuarán por el tiempo que sea necesario.

Un factor clave es que no se registre despilfarro ni desvío de recursos. Que el desempeño de todos los funcionarios sea eficaz y riguroso. Que la contratación sea transparente y ágil. Hacia estos objetivos estará muy orientado el sistema de control fiscal preventivo y concomitante que estamos ejerciendo sin tregua. Sin duda, la ciudadanía nos ayudará a vigilar el manejo de los recursos apropiados para atender la emergencia social creada por la pandemia.

Tenemos razón para el optimismo. El país cuenta con el conocimiento, con la competencia comprobada de sus profesionales, con la fortaleza de las instituciones y la recia voluntad de nuestras gentes. El plan de reactivación económica está en ejecución. El plan de vacunación avanza. El país está recuperando la confianza. Los caminos para llegar a un nuevo orden económico y social están abiertos y vamos avanzando con paso seguro. Le apostamos, de nuevo, a la esperanza.

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