Se ha llegado a afirmar que los datos son “el petróleo del siglo XXI”, pues la cantidad de información que se mueve constantemente en Internet y en redes sociales es masiva y está al alcance de todas las personas. El proceso mediante el cual se recopila toda esta “materia prima”, se llama Big Data (Natalia Marín, 2018).

Cuando hacemos un repaso por América Latina, con los desarrollos propios de la informática, en especial, del Big Data, no obstante la suficiente información que existe en la web y que las empresas pueden utilizar para su toma de decisiones, hace falta mucho más conocimiento sobre tecnología (“Los desafíos del Big Data en Latinoamérica”, 2018).

Además, la resolución de los grandes desafíos de analítica de datos en las organizaciones se ha convertido en el nuevo cuello de botella y el factor tiempo ha cobrado gran valor. En Latinoamérica los departamentos que usan el Big Data representan únicamente un 17,6 % una cifra bastante baja en comparación con otros continentes como un 24,4 % en Asia, según el estudio de Latin American Communication Monitor.

En Colombia es necesario empezar a mejorar los procesos, sobre todo para tener insumos para la toma de decisiones en las organizaciones y esto se puede resumir en el planteamiento de Karina Giber, profesora titular de minería de datos y soporte a la decisión, en la Universidad Politécnica de Cataluña, quien afirma que “ante el mar de datos tiene que ser capaz de entender que es lo que tiene que hacer para obtener la información que se necesita” (“Las cualidades de un data scientist para realizar una buena minería de datos”, 2015).

Básicamente, el uso y análisis de datos se fundamenta en poder descubrir, predecir y evaluar el impacto en un conjunto de información para la toma de decisiones que se deben soportar en un modelo comprensible. Como lo explica Tomasa Rodrigo: “Que esto se traduzca en conocimiento será función del analista que tendrá que articular esta maraña de datos desestructurados, procesarlos y analizarlos para traducirlos en conocimiento e impulsar el crecimiento y bienestar social” (“¿Cuál es la diferencia entre datos e información?: cómo convertir el big data en valor real para las personas”, 2019).

Recientemente, la Corte Suprema de Justicia emitió una sentencia con ponencia del magistrado de la sala civil Aroldo Wilson Quiroz Monsalvo en la que se invita a todos los jueces del país a aprovechar las TIC para eximir al demandante de ciertas pruebas, como lo destaca un artículo de la revista especializada Ámbito Jurídico.

A su juicio, las normas procesales de derecho interno, como las del bloque de constitucionalidad, instan a los directores del proceso para que las referidas tecnologías sean incorporadas en la actividad judicial y facilitar así la satisfacción de los usuarios, al garantizar el debido proceso, la tutela judicial efectiva y el derecho a ser oídos en los procesos de los que hacen parte” (Legis. Ámbito Jurídico, 2019).

En este mismo artículo se destaca que el primer párrafo del artículo 103 del Código General del Proceso señala que “en todas las actuaciones judiciales deberá procurarse el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones en la gestión y trámite de los procesos judiciales, con el fin de facilitar y agilizar el acceso a la justicia así como ampliar su cobertura”.

La Contraloría General de la República no es ajena a todo este entramado alrededor del Big Data en las entidades públicas del país. El contralor Carlos Felipe Córdoba ratificó que para ser más eficiente en la lucha contra la corrupción la entidad necesitaba más tecnología y más ciudadanía, recalcando el uso del Big Data y la analítica de datos como pieza fundamental en el accionar de la entidad.

Bajo esta premisa nació la plataforma Océano que le ha permitido a la Contraloría revisar más de 5,7 millones de contratos públicos por valor total de 545,9 billones de pesos, gracias al Big Data y al análisis avanzado que hoy se tiene desde este organismo de control. Una vez implementada esta en la Unidad de Regalías se comenzó a gestar un capitulo especial para realizar el análisis de más de 12 millones de datos en bases estructuradas que no estaban integradas y que son necesarias para realizar las actividades misionales para las que fue creada esta Unidad.

Con el grupo élite que implementó la plataforma Océano y personal propio de la unidad, utilizando el programa Power BI¹, se logró integrar la información para georreferenciar toda la cascada de inversión del nuevo sistema de regalías que desde el 2012 al 31 de diciembre de 2019 ha aprobado cerca de 35,7 billones de pesos en 14.279 proyectos en las seis regiones del país; la integración de toda la información permitió también calcular la malla empresarial² en 16.346 contratos.

Estas mallas empresariales en la fuente de regalías son cercanas al 65 % a nivel país mientras que en las otras fuentes del Estado colombiano ese indicador es del 30 %.

Esta herramienta ha podido identificar la concentración de contratos en algunos contratistas que rompen los parámetros normales de ejecución de recursos, además se ha podido integrar la visualización de estos entramados para facilitar la obtención de las muestras en las distintas actuaciones especiales que se desarrollan en el territorio colombiano.

Es preciso anotar que la importancia del Big Data para esta unidad es tal que se trabaja en modelos predictivos de parámetros recurrentes en contratos que han sido objeto de hallazgos fiscales y de juicios fiscales, con el fin de entregar mayores herramientas técnicas para desarrollar las auditorías en menor tiempo y mayor precisión. Adicionalmente, con herramientas de estadística descriptiva calcula la probabilidad de encontrar un hallazgo en un sector de inversión y/o zona específica del país, incluyendo el análisis presupuestal del Sistema General de Regalías.

¹Power BI es una solución de análisis empresarial que permite visualizar los datos y compartir información con toda la organización, e insertarla en su aplicación o sitio web.
²Las “mallas empresariales” se forman por la unión de varias empresas y/o personas naturales que se pueden camuflar a través de Uniones Temporales y Consorcios, con el propósito de ganar los procesos de selección de las diferentes contrataciones que se realizan en el país.

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